jueves, 28 de octubre de 2010
Quizás...
No es nada concreto,
sino abstracto.
Quizás sea tu sonrisa,
quizás tu olor
que llega a mí como una suave brisa.
Quizás sea tu mirada
la cual me hipnotiza
y hace que solo pasen boberías
por mi cabeza
y que se esfume la tristeza.
Quizás sean tus pies,
con toda su dulzura.
Quizás tu voz
tan fina y aguda.
Quizás sea como caminas,
quizás como deambulas
con ninguna ruta.
No sé si te quiero
y no creo que me quieras.
Quizás estoy equivocado.
Ojalá esté equivocado.
No estoy ilusionado,
tan solo emocionado.
Quizás la adecuada no seas tú,
pero te destaco entre todos,
todos,
entre toda la multitud.
Quizás no te quiera,
aunque te quiera de todos modos.
martes, 26 de octubre de 2010
Verdadera motivación...
Gente me dice… que cuando cuelgo algo en el blog, o cuando lo hacía en mis entradas del Tuenti o cuando simplemente me dedico a hacer mis publicaciones interiores en mi libreta, no hago más que quejarme. Que si en realidad estoy así es porque no lo he pasado mal de verdad, o porque, no tengo nada más que hacer que ponerme a criticar o a escribir estupideces…
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Son sentimientos señores… Y cuando escribo (y creo que puedo referirme a todos los que escribimos en este blog), no lo hago en vista de un ámbito general de mi ser, de mi mente, de mi alma. Sino que, la inspiración no espera a nadie y nunca sabes cómo va a presentarse. De modo que lo que escribo en cada momento viene a ir estando determinado por, con qué pie se levante la inspiración esa mañana, tarde, noche.
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Esto es así, no es que yo diga: “Pues hoy escribo algo romántico” o “Hoy algo feliz”. Si no plasmo felicidad en mis hojas, en mi teclado o en vuestros oídos es porque ya viene a ir estando sobre entendida. Viene a ir siendo una felicidad mediocre porque, tengo todo básico que se puede necesitar y un poco más, menos lo que quiero, lo que ambiciono, lo que llegara, lo que no llegara, lo que no veré, ni ambicionare, lo que quiero aprender, lo que no aprenderé… lo que anhelo… lo que no tengo…
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Y si escribo algo aquí, luego no me vengas preguntando por qué lo escribí, ni con que me motivo, ni a quien, ni NADA. Porque, todo lo que se necesita saber sobre mí, está ya en las líneas inculcadas a tu cerebro. Porque, si no lo has entendido, no leas nada más, porque no me entenderás a mí, ni a lo que escribo, óbviame.
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Y si le doy importancia a un dilema moral que para ti no la requiere… mira… jódete, créate tu blog y escribe lo que para ti es importante y déjame tranquilo. Yo aquí no escribo cómo tienes que vivir tu vida, ni qué hacer frente a los problemas, ni nada, aquí no se obliga a nadie a nada y si lo lees es porque quieres. Críticos literarios aquí no se han solicitado. Y estas letras una detrás de la otra que los demás llamamos literatura, son nuestros puntos de vista sobre determinadas observaciones. Sean relevantes para los demás o no, para nosotros lo son, porque, son experiencias y de cualquier ápice de conocimiento se puede aprender.
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No acepto consejos de escritura ni de motivaciones ni de nada sobre lo que escribir, si no escribes con fundamento (todo hay que decirlo) o seas una de las pocas personas a las que le haya dicho que de ellas, acepto ideas. Porque, si aquí se escribe para alguien, es para nosotros. Esto es… nuestro rinconcito de soledad en el que abrir nuestro corazón y nadie me tiene que decir qué puedo plasmar aquí o qué es relevante y qué no.
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Joder.
Sobre tu hilo de cereza.
sobre una cereza amarilla
sobre un alto muro
sobre el cual conmigo pasean
hormigas, verde oscuro
y más bien feas,
en una cesta
con escalofriante miedo
por si alguien nos ingesta.
Nos para un murciélago policía
y preguntan por documentación.
Su placa era una estrellada mandarina.
Le damos lo que pedían,
pero querían más información.
Esta gente no cambia
ni en un mundo de realista imaginación.
Al fin huye,
se hacía de día.
El sol era azul.
Se veía como cuadrado.
Sus ojos de mamut
olían a tulipán morado.
Miraba a mi alrededor:
tigres con plumas verdes en el agua,
truchas con pelo rojo volaban
sobre el floreado mar.
Era estremecedor
y al mismo tiempo enternecedor.
Un oso con un plátano de corbata
me decía que por qué no despertaba.
Yo respondía:
esto es ilógico,
yo nunca me he dormido,
es tan sólo un lugar mágico
que imagino mientras camino
sobre un largo hilo,
tan largo que es infinito.
El oso quedó sorprendido.
Yo continúo por mi pasillo.
Es un mundo llamado imaginación,
inmensamente más amplio que el mundo real,
y, aunque menos real que el mundo real,
más real que el mundo que nos imaginamos como real
o el mundo real que queremos imaginar como real.
Me despido.
Pero no es un adiós
ni un descanse en paz
ni un hasta nunca,
sino un hasta luego.
Pensamiento independiente
lunes, 25 de octubre de 2010
Emociones: Amor
Flotas…
La garganta te borbotea
Y notas…
Que nada te bloquea
Nada importa…
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Te gustan…
Las palabras que emplea
Su figura…
Te hace pensar solo en ella
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Te asusta…
El hecho de poder perderla
Es su arte…
La que te bloquea
El que te ame…
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Simplemente te eleva
Es su mirada…
La que te embelesa
Solo amarla…
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Te da una bonita empresa
Es poesía…
Relatar con palabras su belleza
Es hipocresía…
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Decir que no la quieras
No imaginas…
Un mundo sin tenerla
No terminas…
De mirarla si esta cerca
No es tu vida…
Si no esta ella.
domingo, 24 de octubre de 2010
Emociones: Rabia
El primer latido amenazador,
como el primer tiro de una guerra
ese que llega directo a abrir la veda,
liberador,
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rompe tu coraza de paciencia
gritas a tu conciencia
con total desobediencia.
Oprimes de forma cruenta
todo aquel resquicio de moral y ética.
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No importa nada, solo hay rabia
odias a aquel que la provoca,
provoca a tu interior bestia
e invoca ese instinto animal
ese que te impulsa a matar.
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A clavar las garras en cada una sus palabras
mas no hablara mas,
mal de tal hazaña
pues la lengua le quedara cercenada.
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Adrenalina,
te corre prisa
cuentas cada centésima
para ir hasta allí y borrar su sonrisa.
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Le miras de forma cristalina,
un abovedado transparente
deja ver de forma evidente
todo lo que te pasa por la mente,
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mas no cortas,
gritas.
La rabia brota,
como un manantial,
agua insana,
que malsana
toda norma moral inscrita.
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Maldita,
esa lengua maldita,
esa pestilencia personal única,
que te impulsa a dejar la rúbrica
en esa lengua bífida,
sucia.
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Tu corazón sobrepasa límites
en tu estallido emocional,
no veras más
que tus manos golpear
lo que en tu felicidad incide,
cual cuchilla herirás
con placer homicida,
de la rabia.
viernes, 22 de octubre de 2010
Maldito corrupto.
Damas y caballeros, Ricky ha vuelto después de un mes sin internet (nunca se pasen a Vodafone). Vengo con algo sin demasiado mensaje, es algo más bien, por así decirlo, "Tarantiniano". Una historieta con insultos, sangre y espero que algo más profundo. En fin, sin andarme con ambages, aquí va:
Por allí salía él. Vestido, como no, de etiqueta, con su corbata y su traje gris más caro que mi coche (aunque no fuera muy complicado) y maquillado de mentiras y de hipocresía, como muchos que ocupan su vocación. Currículum inmaculado. Dos años más trabajando y tendría la posibilidad de no volver a una oficina, viviendo mejor que cualquier “personajillo de clase media”. Político corrupto de mierda. Pobre inocente, no sabía lo que le esperaba. O mejor dicho, quién le esperaba. Efectivamente, allí estábamos nosotros, observándolo en mi Clio del 99. Aún éramos “soldados” de la “familia”; nos tocaba hacer todo el trabajo sucio y no teníamos casi ningún lujo. Aunque sabíamos que pronto subiríamos de rango y tendríamos al menos un Mustang o un Chevrolet. Lo hacíamos cojonudo. Mientras él sacaba las llaves de su Mercedes, nosotros abríamos la puerta del coche dispuestos a dirigirnos hacia él. Los dos con una nueve milímetros escondida en el bolsillo interior de nuestra chaqueta negra, por órdenes del jefe. Dispuesto él a abrir su bólido, se sorprendió al sentir el frío metal de mi pistola en su espalda.
- Maldito cabrón – le susurró mi compañero – más te vale que no armes ningún escándalo, ¿entendido?
- No entiendo nada – respondió - ¿qué ocurre? ¿qué es todo esto?
- Más te vale que lo comprendas rápido – le respondí bruscamente y con voz ronca, algo forzada – ahora, haz como si nada, pega media vuelta y acompáñanos.
No soltó ni una jodida palabra. Podía sentir el pánico en sus ojos. Incluso le salieron unas lágrimas. Pero no sentía compasión, había traicionado al jefe y tenía que pagarlo caro. Le cacheamos en busca de algo extraño, algo con lo que delatarnos o algo que pudiera herirnos. No tenía nada. Le atamos las manos en la espalda para asegurarnos de que no saliera del coche. Si nos paraba algún policía, le decíamos que veníamos de parte del jefe y lo comprendería. Le pedíamos su nombre y se llevaría su parte. Tenía comprados a la mayoría de los cuerpos policiales de la zona, por lo que no existía ningún problema. Si no, se le obligaba a la fuerza a ayudar y en un caso extremo lo fusilábamos. El resto callaría por miedo a no recibir su paga. Así de penosa era la policía, pero nos beneficiaba, por lo que también nosotros nos callábamos.
Llegamos al sitio clave, a la “madriguera”. Allí había un par de matones muy hijos de puta esperando. Sentamos al pobre desgraciado aquel en una silla de madera, siempre con las manos atadas. Le tapamos la boca con cinta americana y disfrutamos viendo como sufría.
- ¿Por qué lo hiciste? Intentaste joder a la persona equivocada en el momento equivocado. Al “jefe” no le jode nadie, y todo el que lo hace merece ser castigado. ¿Quieres decir algo en tu defensa? – se oían unos gritos incomprensibles debido a que tenía la boca tapada - ¿Cómo? No te entiendo… ¿Vosotros lo entendéis señores?
- ¡No! – contestamos.
- Lo que me imaginaba. – gritaba cada vez más alto. – Intentaste delatarnos, nos han dado el chivatazo, maldito desgraciado. ¿O acaso te creías que eras el único bien pagado? ¡Corrupto de mierda!
Se sacó un revólver casi del tamaño de una escopeta, le acarició la cabeza con éste. Tan solo le soltó una ostia con esos dos kilos y medio de metal. El otro matón, cogió una navaja suiza que tenía en el bolsillo del pantalón y se la clavó en el muslo, cerca de la rodilla, pero no dijo ni una palabra y siguió apurando su cigarrillo tranquilamente.
- Creo que se lo merecen ustedes, señores – señalándonos con el maldito trabuco ese – no es al primero que me traéis, así que venga, saquen sus nueve milímetros y llenen los sesos de este tío de hierro.
Pensé que se trataba de un vacilón. Ese tío era un perro de los gordos, y si nos ordenaba tal acto, quería decir que iban a ascendernos. Era un honor, por supuesto. Hubo unos cinco segundos de silencio. Y entonces, nos levantamos sin decir ni una sola palabra, sacamos las pipas apuntamos a aquel cabrón y le soltamos siete tiros cada uno, por todo el cuerpo. Sentí una satisfacción inhumana. Los dos profesionales nos dieron 50 euros a cada uno por el trabajo. Después, se largaron en su BMW.
Cerca de “la madriguera” no circulaba ni gente ni coches ni perros ni nada de nada, así que cogimos el cuerpo ensangrentado, lo metimos en el maletero del Clio y lo dejamos al lado del río, mal enterrado, aposta. Dejé a mi colega en su casa, y yo volví a la mía. Me esperaban mis cuatro niños, tres chicas y un varón. La mayor tenía trece años, y ya cocinaba junto al segundo más grande, con diez años. Las otras dos eran gemelas, de cinco años. Mi mujer ya no estaba, estaba en otro mundo: en el de las drogas. Quiero que mis chicos estudien en la universidad y no se vean en el día de mañana en los marrones que me busco todos los días. Vivían engañados, pensaban que era un limpio trabajador más del ayuntamiento. Pobrecillos.
- ¿Otro duro día de trabajo, papi? – me dijo la más pequeña de las gemelas, por un par de minutos.
- Pues si Inés, muy duro sí.
A la mañana siguiente el titular del periódico decía lo siguiente:
“MASACRE PÚBLICA ¿HASTA DÓNDE LLEGARÁ?”
“Hallado un cadáver más, esta vez de un político, al lado del río Liro.
Se habla de corrupción, de ajustes de cuentas y de muchas cosas más.
Mientras tanto, la policía investiga el caso.”
Una sonrisa de oreja a oreja apareció de pronto, sin pedirlo. Yo cobraría el cheque esa misma tarde.