lunes, 21 de noviembre de 2011

El hijo del sol


La vida es una puta pero yo me enamore ..
ahora, soy un cadáver metiéndome LSD,
apostando... el alma

...

Soy heroina en la mente de kurt pero tu no me aceptas !
porque a diferencia de ti; no finjo ser diferente ante la peña ...
cansado de mostrarme reacio
estoy cansado de recordar las palizas

Mi vida se transforma
..pero mi pasado no se destruye.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Miscelánea I

Poemas variopintos que fueron en su día escritos aunque nunca mostrados.
Parte Primera:





Sin título I

Habré cometido errores a millones,
habré huido en demasiadas ocasiones
de quererte, de aprovecharte,
de verte, de odiarte.

Habré navegado por los más gélidos mares,
habré sido preso de mí mismo,
del destino, del antagonismo,
del miedo y de tu egocentrismo.

Habré sufrido la ceguera -severa-,
habré sido herido por sus espadas certeras
y aunque decaiga, desfallezca,
sufra o muera,
muera de amor
cual alma perdida
y cautiva.

Aunque se apodere de mí
esa sensación de soledad
de aparente maldad
aparente,
me veré cara a cara
con la cobardía;
he de vencer a la cobardía
tan solo presente en mi subconsciente
el cual me atrapa
y me engaña,
me miente.
Sin título II

Esa sensación de sentirme como en casa
hace de este trofeo una posesión indigna
de mi persona,
la cual oculta
en verso y prosa
sus más profundos males
y sus más sinceros bienes.

Observo cuánta belleza esconde
incluso un día gris.
Agradezco desde aquí
el amor que obtuve
a cambio de lo poco que ofrecí,
siervo de mis caprichos y ambiciones
que en ocasiones
no me dejan vivir.

Puede que la oscuridad se apodere hoy de mí;
espero, deseo, preveo
que aparezca alguien allí.

Saco la conclusión así
de que son estos “incógnitos”
la verdadera razón por los que podría morir.


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Castigos del destino en un viaje onírico

Deseo que sea un sueño
pero es real,
frío como el recuerdo de tu aliento
tan cálido y placentero.
Preso de estos versos
cual corazón cautivo
huyendo del destino,
destino ciertamente dubitativo.

“Todo es mentira”
me repito.
“Ojalá”
susurra el eco.

Siembra desesperación
el no tenerte
para así poder olerte,
de cerca verte, tocarte, oírte…
saborearte.
Amarte.
De menos echarte
cuando de más también lo hice.

Perfeccionista
con vuestra merced
como con mi vida misma.
Sin embargo,
la absolución paulatinamente
dista.

Mis ilusiones
por con alguien
desahogarme fracasan.
Arranco la hoja,
rompo la hoja,
arrugo la hoja,
arrojo la hoja
y reaparece otra.
Maldito sea quien
allí te coloque,
y gracias.

Que me comprenda
quien haya
tus labios rozado;
labios en los que pintaba
infinidad de sueños.

O quien haya
observado en tus ojos
aguados su reflejo
y un invisible y apaciguado
mar de esperanza.

O quien haya
al menos
garabateado en tu
piel templada
jeroglíficos sin sentido.

Solía disfrutar cuando
cantabas, reías,
callabas, hacia abajo
mirabas.
Me comprendías;
y ahora a veces también
me comprendes.

Y me preguntan
que qué es el arte;
bastardos inútiles,
arte eres
tú.


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Miradas

Y me cruzo con miradas,
miradas que me hunden,
que me avivan,
que enloquecen
y hacen que grite
mi subconsciente:
“ruge, ruge…
fiera sin sino
cual corazón podrido
en un mundo donde
el único mal
es meramente imaginativo”.

Y miradas
ensordecedoras,
contradictorias,
pero las adoras
aunque no las mencionas.


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Cinco y pico de la mañana

En Pleno albor poético,
siendo moral y ético
-aunque no tan estético-
divago en una bajada,
frenético.

¡Por fin la inspiración
hállase hallada!
Bendito viaje costero,
solución de la encrucijada
de mi mente roída,
estallada.

Nuevamente el tío de siempre:
paranoico, demente.
Buenos días y buenas noches,
gente.

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sábado, 5 de noviembre de 2011

Ni ellos ni ellas: nosotros.

Hace varios millares de años –o millones, depende cómo se mire– nació el género humano y, con él, la opresión del hombre a la mujer, debida su mayor fortaleza. El homo es machista por naturaleza, como lo son, en general, las especies que con nosotros conviven. Esta ardua relación entre sexos se ha ido manteniendo en mayor o menor grado a lo largo de nuestra historia. No obstante se habla de violencia de género en la actualidad y no hace apenas sesenta años, o incluso menos, ¿por qué?

La mujer con toda su admirable destreza ha batallado durante, sobre todo, el siglo anterior y el presente por poseer esa preciada igualdad de derechos y muchísimo se ha logrado ya; las féminas pueden votar, tienen mayores facilidades que antaño a la hora de encontrar trabajo, etc. Es ahora cuando somos, teóricamente, iguales ante la ley. Si viajamos atrás en nuestra existencia no se hablaba de violencia de género porque lo que existía era algo así como una injusta “justicia biológica”. Que esta perspectiva cambie por completo de un día para otro es una tarea harto complicada.

No obstante, estamos avanzando a pasos agigantados; estamos plantándole cara a la naturaleza propia, estamos cambiando una mentalidad ancestral, estamos llevándole la contraria al catolicismo y estamos justificando que somos la única especie racional. Aunque siempre quedará algún vacío, la excepción a la regla. Ahí están las mujeres que hacen los deberes de mula de carga en África, la ablación del clítoris, la obligación de llevar el velo o el burka y tantas otras atrocidades donde la mujer es la víctima principal; en algún sitio –demasiados diría yo– ellas siguen siendo, aún a día de hoy, las antagonistas de la sociedad, la vergüenza del pueblo.

Aunque nuestra realidad es otra. Nos hacemos llamar desarrollados; ¡demostrémoslo, pues! Repetir constantemente “igualdad” es admitir que hay desigualdad, y a raíz de esto surgen enfrentamientos, que dan lugar a la confusión. Decir que somos iguales, hoy en día, es una redundancia; la mayoría sabemos que es cierto –y aquí en parte me contradigo–: en la esencia somos iguales, somos personas. Pero incluso aquí, entre nosotros, hay alguno que no lo acepta y que maltrata a mujeres, que juega con ellas; esto es la violencia de género.

El quid de la cuestión radica en cómo acabar con estas víctimas de viles injusticias. Lo primero es la educación, la cultura; cualquiera con una cabeza bien amueblada actuará más justamente que uno que jamás ha podido acceder a la magnificencia del aprendizaje. Y lo segundo, consecuencia de esto, es que, igual que durante una eternidad fue implícito en la sociedad que “el hombre es superior a la mujer”, y ellas cabizbajas lo aceptaban por miedo a las represalias, hoy lo que debe ir implícito en nuestra convivencia es que el hombre puede ser más fuerte, pero no por ello la mujer es más débil: todos somos personas, y las personas han de ser respetadas.



sábado, 29 de octubre de 2011

Ecos de revolución

En esta España revuelta, con burocracia atascada, medios agolpados con propaganda barata y vacía. Donde las únicas leyes que son cumplidas en el plazo previsto y sin renuncias o apelaciones, son las de desahucio; con cada vez más gente en el paro, con cada vez más índice de pobreza. Con cada vez unos peores resultados en educación, con una sanidad que se basa en "cirujanos a media jornada". Con políticos sinvergüenzas, que solo tienen un trabajo claro: y es el de acrecentar el capital líquido de sus bolsillos. Donde es más sencillo ver a una persona insultando a otra, que cediendo su sitio en una guagua o, simplemente, abrirle la puerta al pasar a una señora que lleva peso. Donde el vicio y la desidia lo consumen todo, y ni la más simple y modesta virtud es premiada o elogiada. Donde se consigue más dinero vendiendo droga o secretos inventados, que trabajando en un hospital salvando vidas. Donde están siendo reprimidos los estilos de música marginales, dado que no cuentan solo historias de amoríos baratos, relatan una realidad que no quieren que sea conocida. Un país en el que una persona que al entrar a comprar en una tienda dice: "Buenos días, gracias, hasta luego", es tan rara de ver como una estrella fugaz que nos cumpla los deseos que pedimos.

lunes, 17 de octubre de 2011

Otra vez tú... Sunshine...


Si, últimamente en Comicodrama y por el resto de blogs que visito (aquí es por mi culpa, lo reconozco) está de moda el asunto de las "citas". Vamos, eso de ver algo chachi o digno de mentar que dijo otro por algún otro sitio, lo compartes y como no tienes otra cosa que poner por aquí, pues lo posteas y haces una "cita"; que como blogger me acaba de habilitar/ actualizar el editor para poder poner automáticamente las citas y los saltos de linea, voy a atiborrarme a ponerlos: algo así como una venganza por no haberlo tenido antes, hasta que me quede a gusto.
Bueno, cerrando el breve prólogo estúpido, a modo de paréntesis introductorio de algo que no tiene nada que ver con el tema: vamos, un párrafo que no sirve de nada. Al meollo, he vuelto a ver una película en la tele, que anteriormente fui a ver al cine; es una de esas pelis que es tan mala que quieres volver a verla en plan: "¡Mierda, no puede ser verdad!". Siempre quise hacerle una crítica, pero como lo mío no es el cine no sabría por donde empezar, lo único que sé sobre películas es: Me pone, me gusta, inocua, con una vez que la vea está bien, vaya asco y puagh. Vamos, que no sabría dar una razón concreta sobre por qué resalta en mí cada una de estas emociones la película correspondiente.

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿Y bien...?

Lo he leído en el blog amigo: kaivalar.wordpress.com; quien lo saco de otro blog cuya fuente se cita al final. Para mí, una buena patada en la cara a quienes se lo merecen pero que, como siempre, les resbala y harán lo que quieren. Como vemos, no le falta razón; así que recomiendo encarecidamente leerlo, y si no estás de acuerdo eres un facha idiota: así de simple.


Un claro ejemplo de que dentro de poco nos "ofrecerán"/impondrán por la cara privatizar la educación y, como siempre -a riesgo de ser redundante-, lo harán: ¿quienes? Los políticos de turno ¿cómo? Por la cara, como siempre.


Como dato adicional y tal y como veo por el telediario, supongo que terminará pasando lo mismo con la sanidad; empezamos con cirujanos a media jornada y terminamos pagando seguridad social y el seguro médico.


Me veo plantando tomates en un futuro próximo...


Y sin más preámbulos:

jueves, 1 de septiembre de 2011

La cuestion es: ¿Tan importante te crees para que la gente te escuche?

Como siempre, son preguntas de las que el resto pasa de contestar o tras unos inútiles segundos la desecha. Y debiera yo hacerlo así, supongo, pero hace muchos años que, ciertamente, escuché esta pregunta; que se la hace el inspector Mills al asesino en serie John Doe, en la película Seven. Al parecer, no es una pregunta que entrañe misterio, pero, profundizando, caes en que si respondes "sí" casi podría tachársete de soberbio, pero si respondes "no" tendrías, tarde o temprano, que desembocar en un complejo de inferioridad.

Es complicado, porque partiendo del "si": ¿quién te ha otorgado tal importancia? Puede ser la DEMOCRACIA -inexistente-, la ineludible cita puesta en nuestras bocas desde hace tiempo, como miel que moja nuestros labios de libertad para luego cercenar nuestros sueños de grandeza y desmontar, por sus intrincados -añadidos- entresijos, nuestra lógica. Bien, partamos desde la democracia ¿Quién, soberbio ciudadano de a pie, te ha otorgado el don impoluto y liberador de concluir que tu propuesta, por H o por B, es mejor que la de tu vecino? ¿Acaso podrían ser tus propios y egoístas intereses de avaricia y corrupción, sin sentido común y ávidos de la maldad que entrañan los placeres, ya sean por omisión o adición, dignos de ser oídos y seguidos? ¿Qué hace tu opinión mejor que la mía salvo tu propio y corrupto criterio? Todos los hombres somos iguales y tenemos derecho a exponer nuestra opinión ¿Acaso tú, que eres solo un hombre, crees merecer ser oído? ¿Acaso crees merecer tú, que eres como miles de millones, exponer y hacer valer tu opinión sobre la de otros? Llevado al puritanismo extremo, un "si" queda soberbio, puesto que no podríamos hacer oír nuestras palabras sin acallar las del otro; ni hacer valer nuestra opinión sobre la del otro sin establecer nuestro ego por encima, siendo como fuere, negando su alternativa. Claro que sin puritanismo, sin ponernos estrictos en cuanto a ejemplos o a razonamientos. Podríamos responder: "Si, porque soy un hombre, una persona, con sus derechos y sus deberes" e irnos a casa y dormir a pierna suelta; asi somos los seres humanos, cuando algo necesita de ser sopesado mejor dejarlo como está, pero ¿quién te ha elegido como ejemplo que todos debemos seguir, como para que te creas tan importante y digas lo que los demás hemos de hacer aunque solo sea una mera opinión? La opinión de un hombre, sus razones, no valen un grano de grava, puesto que según la ley de la oferta y la demanda, todos hablamos y nadie quiere escucharnos; y si nadie compra nuestro producto cegado con su propio concepto, creyendo que lo que hay en su escaparate es mejor que lo del vecino y el orgullo no nos deja afincar la mente y votar por una coalición, cediendo terreno, para ganar un poquito de poder. Pero aquí, en el puritanismo del que hablo, poniéndome estricto, sin que nadie ceda, donde el único numero que vale es el 1, el individuo, nuestro avance total sería 0. Solo nos importaríamos a nosotros mismos, y donde nuestro reino tiene importancia, nuestra palabra es escuchada; siendo de 1 y solo 1, el aforo de nuestras conferencias

Y luego, si nos ponemos en un "no" y partimos desde la universalidad de las leyes morales: Tanto como si todo el mundo intenta exponer y hacer valer su opinión, como si por contra todos creemos que nuestra opinión no ha de constar en acta y hacemos mutis por el fondo a la izquierda; todo se iría al traste y todo quedaría inconcluso y por decidir. Con el mundo en colapso, conscientes de que quien único quiere escucharnos es nuestro propio y acallado intelecto, sumido en el silencio quedaría todo.

Soberbios o infravalorados: ¿qué es lo correcto? ¿dónde está el punto exacto, el límite que nos muestra lo que debemos hacer, tanto para no ser ni lo uno ni lo otro?

Me urge más responder estas preguntas que a cualquier otro, ya que soy el primero que critica a los demás como el mejor. Y por mucho que no me parezca bien, ¿acaso soy tan importante como para que la gente me escuche? ¿O soy simplemente un actor secundario en una obra de ficción que únicamente pasa de fondo y no dice nada relevante? ¿Y en ese caso, quienes son los actores principales? ¿Acaso puede el hombre como individuo atribuirse importancia a sí mismo sin pecar de soberbia? ¿Es la soberbia el camino?