domingo, 6 de febrero de 2011

Título libre, que cada uno elija el que desee.


Yo aquí sentado

mirando un mundo muerto,

un mundo maniatado

por la cuerda invisible

del ser de pensar despierto,

el ser impasible

que piensa que el interés

esta por encima

del deber,

el deber de ayudar al prójimo

y no, no hablo por la iglesia...

y es que me considero antónimo

de cualquier religión

de cualquier ideología pésima.

Prefiero pensar y actuar

como un corazón libre

que no le afectan esas blasfemias,

blasfemias de gran calibre,

que por su explosión no dañan

si no que como palabras impuras

te engañan

que de ataduras

te empañan.

Estoy harto del insomnio

estoy harto de tirarme en la cama

y no poder dormir

estoy harto del agobio

y todo su mal sentir

estoy harto de mirar por la ventana

y ver mi reflejo en un podio

yo en lo mas bajo

y en lo mas alto, el odio.

La vida. En sus primeros momentos.





John Lennon dijo; deja de vivir haciendo planes o tu vida pasara en un instante. Y luego le dispararon

y ... aunque resulte difícil, hay que vivir.

. . .

Resulta que he profundizado,
dramatizado.
Estoy listo para el trabajo

estoy listo para cambiar de humor
para luchar contra el dolor,
para preguntarme, ¿ Por que es tan difícil el amor ?

. . .

Resulta que después de todo ...

Han sido inútiles las quejas
el contemplarte,
el luchar

pero. Espero,
no hay dolor real.

Cambiare las cortinas,
una vez mas. Y estas aguantaran ...

otro temporal.

Tengo 16
y estoy listo
para sufrir,
para vivir una tortura sin fin

. . .

Resuenan las risas
resuenan los malos momentos,
resuena ... el eco

Buena batalla la que libre,
conmigo
y ...
buenas las tardes de amor,
aquellas donde sobraba calor

Veranos perdidos por vivir ...
pero no me arrepiento,
al fin,
puedo vivir una tortura

trabajarme mejor los discursos,
vivir entre susto y susto,
amarte entre disgustos.

Trabajarme mejor las frases,
la tierra ...
y morir entre sustos. Y disgustos

para que las risas resuenan una vez más,
en mi ultimo recuerdo de paz.

La vida. En sus primeros momentos ... todo tormentos, pero el morir habiendo creado mi propio cielo, ese es ahora mi nuevo sueño

Oda al silencio


¿Para qué romper el silencio
si el silencio puede ser la más maravillosa
de las sonatas?

¡Oh silencio mío!
Cada vez que en mí penetras
de toda locura me olvido.
Me encierras,
haces que me sienta cautivo,
aunque al mismo tiempo,
más que nunca, vivo.

¡Oh silencio mío!
En soledad o entre amigos,
siempre por mí 
serás bienvenido.
Eres necesario
cual brutal enemigo
que me haga sentir,
más que nunca, vivo.

Cuán injusto es obviar de vos
para obtener a cambio
unas nimias palabras
en un momento precoz,
que carecen de razón.

Mientras, 
esta alma sin hogar aparente
continúa en este vasto
prado transparente,
observando como correteas,
fugaz y ardiente;
silencioso...
aunque majestuoso;
y grandilocuente.

sábado, 5 de febrero de 2011

El tren de las palabras

Primera parada; la hora no importa, el lugar aún menos. Súbase al tren, no disgusta a ningún pasajero. Contemple el paisaje a través de la ventana, entorno, el delicioso olor a fantasía y el grandioso tono del sol endulza la vida. Para nuestro tren no hacen falta vías, es capaz de volar sin levantar sospecha de que nos lleva a los lugares que nuestra mente más desea.

Todas las vidas son como una, nos lleva sin fin por el camino de idilios poesía. No habrá penumbra en nuestra fantasía, se nos plantea la pregunta de si puede hacerse realidad o es utopía.

Nada más entrar se les recibirá con una amplia sonrisa y unas palabras que en cualquier otro sitio no pueden ser oídas:

 "Bienvenido a Cómicodrama, el lugar donde esculpimos las palabras, todo para hablar y criticar, sin entablar batalla"

No hacemos paradas en Villa Ignorancia. La necedad ha consumido esas vidas, no quieren el remedio de nuestra "Farmacia", no quieren que aportemos a sus mentes un poco de lumbre. Puede que sea de estar a oscuras la costumbre.

Sin hablar de más temas lúgubres, hablemos de lo que pasa en nuestros trayectos. Como personas cualesquiera, estamos aprendiendo, nuestra verdad no es absoluta, no adoctrinamos gente, no se enfaden con lo que hacemos. Las salidas están abiertas, tanto como las entradas a quienes quieran entrar; a aprender a compartir o a soñar.

Diciendo cosas que todos pensamos o que podemos llegar a pensar. Nos abrimos hueco en cada mente, no es de odio nuestro menester. Podrán decir que estamos todos locos, puede que sea eso lo que por dentro noto. En nuestro camino no nos dejamos llevar por el destino, nos resistimos, discutimos y sacamos los sentimientos de nuestro lado más íntimo.

Este nuestro tren, es capaz de llevarnos muy lejos, sin movernos del sitio, a lugares tanto horribles, como idílicos. Lugares donde te plantearás la búsqueda de la felicidad, si la tienes o no. Historias vividas, fábulas e inventivas, poemas de amor o de rabia. En el transcurso de nuestro camino, podemos encontrar hechos tristes, alegres, críticas, analogías, manifiestos... Todo sacado del pensamiento.

Adorar el sabor de estar solo y disfrutar de la vida, de cada color, de cada tono. Siempre sin dejar de parar a refrenar lo malo, nada detiene nuestro tren. Desde hace un tiempo lo tenemos demostrado. Y es que con la pasión que cada uno siente cuando tiene boli y papel enfrente, o simplemente un teclado; cada día nuestro amor por un sueño crece.

Podremos ver en el viaje, el alba y que a la par anochece. Quedará marcada el alma, pues por un momento de éxtasis, no habrá nada que la refrene. Mirar fuera, ver que no hay nubes y que al tiempo llueve. El sol parece abrasador, luz de estío, parece, pero es justo y confortable su revitalizante calor. La luna, que al son del viento mece, llena con su blanco tan bonito, junto a las estrellas, la parte del cielo en la que había un vacío.

No habrá vacíos aquí, nada es impío, sin frío, mucho menos un entorno baldío. Solo hay que dejarse llevar, por el tren que nos llevará por un momento a nuestros más deseados idilios.

Algo cotidiano I: Una ducha.

Ese lugar al que, alguno, tiene un aparente miedo, causándose así en el un horrendo hedor capaz de ahuyendar a la más brava fiera; al animal de todos más feroz.

Aunque, afortunadamente, existe una mayoría abrumadora la cual disfruta "cantando bajo la lluvia", lluvia caliente que desprende mi querida ducha.

Mi cuerpo, quizá sudoroso, quizá maloliente o quizá, simplemente, caprichoso, como impulsado por parte de mi subconsciente -aunque también un tanto consciente- "vete a la ducha" me pide. Sin más, emprendo mi corto camino, con algo de pereza, como sucede con otros tantos hábitos. Abro la puerta, sin malgastar mis fuerzas. Prendo la pálida y amarillenta luz que me acompañará el resto de mi dulce velada. Me desprendo de las prendas que, hasta entonces, me cubrían; y lo que debían esconder, escondían. No sin antes abrirla, el agua ya caía, aunque aún fría (la muy jodida). De pie aguardo a que caliente... -"¡venga ya, madre mía!"-. Una vez conforme con la... "¡oh, mierda, no, está ardiente... casi hierve!". Complicada calibración de temperatura. En fin, instantes más tarde, mi cuerpo estándar-casi-gordito encontraba ya a la húmeda (jiji) y casi-caliente agua perfecta. Son mis pies los primeros y únicos en sumergirse en unos pocos centímetros de ese trasparente líquido. Tras ellos, ese objeto por donde escapa, comprimido, H2O, dióxido d... coño, agua, que unos llaman regadera, otros mango (entre otros vegetales, tales como alcachofa e incluso lechuga), otros ducha, a secas, o grifo también... sube por mis aterciopeladas piernas, más blancas de rodilla para arriba. Sigue subiendo; llega a... sigue subiendo, hasta lograr humedecer o, más bien dicho, bañar, torso, cuello, testa, cabello y, en general, el cuerpo. Entonces, como si de una intervención divina se tratase, pienso en dónde me encuentro (y qué significa ese "dónde"). A describíroslo empiezo:

Ese lugar de culto, totalmente sagrado, y repercusor directo de una cantidad ingente de ideas que surgen como desde lo más profundo del Abismo y que fluyen, cual agua por el vasto océano o aire por el infinito firmamento, pero que luego nunca llegan a ser anotadas o explicitadas, quedando éstas excentas de ser compartidas y, en su defecto, disfrutadas o sufridas; apoyadas o rechazadas.


Y corto de lleno mis nimias conclusiones, como corto el agua que caía a borbollones. Me inclino ligeramente, como en una cutre reverencia, hasta alcanzar el avainillado gel. Lo esparzo con paciencia, hasta que la espuma cubra mi cuerpo. Después el champú, con una extraña esencia, algo parecido a menta... Extraña mezcla. Vuelve a caer en mí la líquida trasparencia, de la cabeza a los pies. No la veo, la siento. Los ojos cerrados auguran disparos de pensamientos, que en mí siguen residiendo. Ideas surrealistas varias brotaban, aunque tímidamente. Traducirlas tendría escaso sentido, y la pedantería en cada una de las frases se encontraría.

Así, extiendo el brazo, y mi mano cierra el grifo. Una áspera y verde toalla me espera.

¿A qué no logras adivinar dónde se me ocurrió el que debiera escribir esto?

miércoles, 2 de febrero de 2011

Viernes

Algún día de tanto soñar despierto me voy acostumbrar, a esta mierda de realidad.
Siempre he tenido miedo a opinar, por hundirte la moral

¡ O ! por demostrar que soy ese viejo perro que nunca supo avanzar.
Vivo atormentado, porque no puedo cambiar nada con lo que hago,
me dedico a completar el censo de canarias.

Mis palabras son eco,
incluso cuando golpean en tu pecho.
Y yo,
soy totalmente indiferente al color verde, (tss)
pero soy de esos que crecen solo con verte.

Muchas veces soy odiado por hacer lo que hago,
me meto en líos y laberintos extraños.

Y cambiando un poco de tema:
España no se fue a la mierda,
es que nunca salio de ella.

Te gusta lamer culos, con esos subnormales,
aquellos que demuestran con ... ¡ los tintes de sus trajes !
que pueden dominarte.

Nadie es perfecto pero desde luego,
aquí no hay, ni siquiera buenos.

. . .

je je .

Que fácil es amarse,
entre borregos
¡ Orangutanes y camellos !
... que bonito es este cuento.

Mis palabras son eco,
suenan dos o tres veces
y
pasa el momento.

¡ Putas ! invaden nuestras calles
y ahora tienen planes.

Luchas desde pequeño por ser diferente
y ahora se pone de moda.

La gente le esta dando por escuchar punk
y vestir " original "

JA

putos seres humanos,
ahora resulta que soy simpático.
Cuando esta mierda vuelva a pasar de moda
seré ¡ un bicho raro !

Volverán las palizas
las risas,
las pintadas amistosas
y las charlas con la profesora

Aprendí a defenderme solo,
porque era diferente,
aprendí como pararme a tres tipos de frente

. . .

Algún día de tanto soñar despierto,
se va agotar la paciencia.
Y entonces dejare de hablar,
para las manos usar.

¡ SI ! ya lo e echo otras veces,
pero a sido por defenderme.

. . .

No me quedan fuerzas,
no me quedan palabras ...
para opinar
¡ para hundirte la moral !
ja, a las manos voy a pasar

Soledad

  Muchas veces, cuando nombras la soledad o dices -"Me gusta estar solo", la gente que te escucha (no la que te oye) lo asocia con algo malo. De repente piensan que no te gusta tener gente en tu vida o que eres un emo y que quieres sentirte desdichado o que directamente eres un misántropo.


  Pues no, hoy, en esta entrada, vengo a hablar de la soledad como algo bueno. No hablo de una ausencia total de gente siempre, solo hablo de esos pequeños o en ocasiones, largos paseos solitarios por la calle.    


  Ya sea de día o de noche, caminas solo, con o sin rumbo. Sin pensar en nada definido, las ideas nadan por tu cabeza, las cavilas un par de segundos y desaparecen relampagueantes de tu cabeza, dando lugar a otras, como rayos en una tormenta.


  Pensando en "mis cosas" (un tema amplísimo. Resultado de mucha información y poco tiempo para procesarla y sacar conclusiones, que en estos momentos de soledad resurge para reclamar su preciado lugar en las miras de mi razón), escuchando tan solo el agitante ruido de mis pasos, que viene siempre acompañado del roce de las perneras de mi pantalón, dando lugar a un ruido continuo y serpenteante. Es un ruido, que normalmente pasa desapercibido, pero en la penumbra silenciosa en la que se convierte mi municipio, ese ruido por lo general discreto, resulta pecadoramente desgarrador, anárquico, insultante.


  Esa marea de ruidos serpenteantes y cosas en las que pensar, está aliñada por la oscuridad de la noche, que le da un tono mas ameno no dejando translucir tanto las impurezas ni los colores naturales. Todo está bañado de negro y de escalas de amarillo, causadas por ese odioso color pollito incandescente de las farolas (por si no se nota, lo odio a muerte), que tiñe todo de un monótono y endeble color yema de huevo... dando una razón para admirar la belleza de las pocas estrellas visibles en ese cielo urbano (lleno hasta los topes de contaminación lumínica y de humo) o para ensimismarme en las pequeñas esquinas que quedan por pulir de mis pensamientos anteriormente en bruto, sin cavilar.


  Solo, en una noche fría. Yendo a casa y con ganas de venir a escribir. Esa soledad me ha dado tantas ideas, días de inspiración y resolución de problemas... Buceando entre recuerdos y experiencias, sin rumbo, solo una brújula para que no pierda el norte. Simples fantasías, pero que al fin y al cabo, ayudan en la realidad.


¿Que habría hecho yo sin Soledad?